La Fortaleza de Taba: Centinela del Golfo de Aqaba
La Fortaleza de Taba, conocida también como Castillo de Saladino o Ciudadela de la Isla del Faraón, se yergue sobre un pequeño islote granítico en el Golfo de Aqaba, a unos 250 metros de la costa egipcia y a solo 7 kilómetros de la frontera con Israel. Esta extraordinaria fortaleza medieval representa uno de los sitios históricos más sugestivos y menos conocidos de Egipto, un lugar donde la historia milenaria se entrelaza con panoramas naturales de incomparable belleza.
La Isla del Faraón, conocida también con el nombre francés de Île de Graye o con el nombre árabe Jazīrat Firʿawn, es un afloramiento rocoso de origen granítico de unos 300 metros de largo y 150 metros de ancho. Sus costas dentadas y las aguas cristalinas que la rodean crean un escenario que parece salido de una película de aventura, con las montañas rosadas de Arabia Saudita visibles en el horizonte y las costas de cuatro naciones — Egipto, Arabia Saudita, Jordania e Israel — que se encuentran en este estrecho brazo de mar.
Historia de la Fortaleza
Los Orígenes Bizantinos y Cruzados
La isla fue utilizada como puesto estratégico desde la época bizantina, cuando su posición en el centro del Golfo de Aqaba la hacía un punto de observación ideal para el control de las rutas comerciales marítimas. Sin embargo, fue durante las Cruzadas que la isla adquirió su importancia militar fundamental.
En 1116, el rey cruzado Balduino I de Jerusalén ordenó la construcción de una fortaleza en la isla como parte de un sistema defensivo orientado a controlar el Golfo de Aqaba y las rutas comerciales entre Egipto y Arabia. La fortaleza cruzada, llamada Île de Graye por los francos, se convirtió rápidamente en un punto crucial en la red de castillos cruzados que protegían el Reino de Jerusalén.
La posición estratégica de la isla permitía a los cruzados cobrar peajes sobre los barcos mercantes que transitaban en el golfo, controlar los movimientos navales musulmanes y proteger la ruta de los peregrinos cristianos dirigidos al Monasterio de Santa Catalina en el Monte Sinaí. La guarnición cruzada en la isla representaba una espina en el flanco de las fuerzas musulmanas, interrumpiendo las comunicaciones marítimas entre Egipto y el Hiyaz.
La Reconquista de Saladino
En 1170, el gran caudillo musulmán Salah al-Din Yusuf ibn Ayyub, conocido en Occidente como Saladino, reconoció la importancia estratégica de la Isla del Faraón y lanzó una campaña para conquistarla. Tras un largo asedio, las fuerzas de Saladino lograron expugnar la fortaleza cruzada. Saladino ordenó inmediatamente la reconstrucción y el reforzamiento de las defensas, transformando el castillo en una poderosa ciudadela islámica.
Bajo Saladino, la fortaleza fue ampliada con la añadidura de nuevas torres, murallas más gruesas, cisternas para la recolección del agua de lluvia y mejores estructuras defensivas. El proyecto arquitectónico reflejaba las técnicas más avanzadas de la ingeniería militar ayubí, combinando elementos defensivos prácticos con una planimetría que aprovechaba al máximo la topografía irregular de la isla.
La ciudadela reconstruida por Saladino comprendía un complejo defensivo superior en la parte más elevada de la isla y un área portuaria fortificada en la parte inferior, con muelles protegidos para el resguardo de los barcos de guerra. Esta configuración de dos niveles hacía la fortaleza virtualmente inexpugnable ante los ataques marítimos.
Declive y Redescubrimiento
Tras el fin de las Cruzadas, la fortaleza mantuvo un papel militar bajo los Mamelucos y los Otomanos, aunque su importancia estratégica disminuyera gradualmente. En el transcurso de los siglos, la estructura fue progresivamente abandonada y cayó en ruina, expuesta a la erosión del viento y del mar.
En el siglo XX, la isla y su fortaleza atrajeron la atención de los arqueólogos y de los historiadores. Diversas campañas de excavación y restauración, conducidas en particular en los años ochenta y noventa, han permitido recuperar gran parte de la estructura visible hoy. Los trabajos de restauración buscaron preservar el carácter original de la fortaleza, utilizando técnicas y materiales compatibles con la construcción medieval.
Arquitectura de la Fortaleza
El Complejo Superior
La parte superior de la fortaleza, situada en la cumbre de la isla, comprende las estructuras principales del castillo. La torre del homenaje, o torre principal, domina el complejo entero y ofrece una vista de 360 grados sobre el Golfo de Aqaba. Desde esta posición es posible divisar las costas de cuatro naciones: Egipto al oeste, Arabia Saudita al este, Jordania (con la ciudad de Aqaba) al noreste e Israel (con la ciudad de Eilat) al norte.
Las murallas del complejo superior están construidas con bloques de granito local, el mismo material de la isla, confiriendo a la fortaleza un aspecto casi mimético con la roca circundante. Las torres angulares, semicirculares en la típica tradición ayubí, permitían a los defensores cubrir cada ángulo de las murallas con el tiro de las flechas.
Dentro del recinto superior se encuentran los restos de habitaciones de vivienda, almacenes, una pequeña mezquita y cisternas para la recolección del agua de lluvia. Este último elemento era de vital importancia: siendo una isla en un ambiente desértico, el aprovisionamiento hídrico representaba un desafío constante, resuelto con un ingenioso sistema de canalización que conducía las escasas precipitaciones a las cisternas subterráneas.
El Complejo Inferior y el Puerto
La parte inferior de la fortaleza se extiende hacia el mar y comprende el puerto fortificado, los muelles y las estructuras de servicio. El puerto estaba protegido por murallas que se extendían hasta el agua, creando una dársena protegida donde los barcos podían atracar a salvo de ataques enemigos y de las tempestades.
Los restos de los muelles de piedra son aún hoy visibles y atestiguan la importancia naval de la fortaleza. De aquí partían los barcos de guerra que patrullaban el golfo y los mercantes que transportaban mercancías entre Egipto y los puertos de Arabia.
El Sistema Defensivo
El sistema defensivo de la fortaleza es un ejemplo notable de ingeniería militar medieval. Las murallas, gruesas hasta dos metros, estaban diseñadas para resistir tanto los asaltos terrestres (desde eventuales desembarcos en la isla) como los bombardeos navales. Las troneras y los matacanes permitían a los defensores golpear a los asaltantes desde posiciones protegidas.
El acceso a la fortaleza estaba controlado por un sistema de puertas sucesivas, un elemento típico de la arquitectura militar islámica conocido como «puerta acodada», que obligaba a los atacantes a cambiar de dirección varias veces mientras estaban expuestos al fuego de los defensores desde lo alto.
La Barrera de Coral de la Isla
Más allá del valor histórico, la Isla del Faraón está rodeada de una barrera de coral de notable belleza. Las aguas cristalinas del Golfo de Aqaba, con una visibilidad que puede superar los 30 metros, albergan una rica biodiversidad marina. Peces tropicales de colores vivaces, corales duros y blandos, tortugas marinas y ocasionalmente delfines pueblan los fondos alrededor de la isla.
Muchos visitantes combinan la visita a la fortaleza con sesiones de snorkel a lo largo de las costas de la isla. Las aguas poco profundas en el lado oriental son particularmente adecuadas para los principiantes, mientras que el lado occidental, con fondos más profundos, ofrece inmersiones más exigentes y gratificantes. Esta combinación única de historia y naturaleza hace de la Isla del Faraón un destino verdaderamente irrepetible.
Consejos para la Visita
Cómo Llegar
La Fortaleza de Taba se alcanza en barca desde la costa egipcia, con un breve trayecto de unos cinco minutos. Las barcas parten del muelle cerca del Taba Heights Resort y del Salah El Din Resort. La isla se encuentra a unos 7 kilómetros al sur de la frontera de Taba con Israel y a unos 230 kilómetros al norte de Sharm el-Sheikh.
Desde Sharm el-Sheikh es posible alcanzar Taba en coche o minibús recorriendo la carretera costera a lo largo del Golfo de Aqaba, un trayecto panorámico de unas tres horas que atraviesa Dahab y Nuweiba. Desde Eilat (Israel) o Aqaba (Jordania), Taba es alcanzable atravesando la frontera terrestre.
Billetes y Horarios
El billete de entrada incluye el transporte en barca hacia la isla y el acceso a la fortaleza. Se aconseja visitar el sitio en las primeras horas de la mañana o en el atardecer para evitar el calor intenso y gozar de la mejor luz para las fotografías. La fortaleza está abierta todos los días, pero es prudente verificar los horarios durante el Ramadán o las festividades locales.
Qué Llevar
Llevad zapatos cerrados con suela antideslizante, ya que los senderos dentro de la fortaleza pueden ser empinados y resbaladizos. Llevad agua en abundancia, protección solar, un sombrero y un traje de baño si pretendéis hacer snorkel. Una cámara fotográfica es indispensable para capturar las vistas extraordinarias desde el punto más alto de la fortaleza.
Vista sobre Cuatro Naciones
El momento más espectacular de la visita es alcanzar la cumbre de la fortaleza y contemplar el panorama de 360 grados. En los días despejados, la vista se extiende desde las montañas del Sinaí hasta las costas de Arabia Saudita, desde las luces de Eilat en Israel hasta las de Aqaba en Jordania. Al atardecer, cuando las montañas se tiñen de matices rojos y anaranjados, el espectáculo es sencillamente inolvidable.
Combinar con Otras Visitas
La zona de Taba ofrece diversas atracciones que pueden combinarse con la visita a la fortaleza. El Taba Heights Resort dispone de un campo de golf, un centro de bienestar y un casino. La cercana reserva de Wadi Watir ofrece excursiones en el desierto, mientras que el Colored Canyon y el White Canyon son alcanzables con excursiones diarias organizadas por los operadores turísticos locales.
La Fortaleza de Taba es una joya escondida del patrimonio histórico egipcio, un lugar donde las piedras milenarias cuentan historias de cruzados y sultanes, y donde la naturaleza ofrece un espectáculo de incomparable belleza entre mar y desierto.