Tanis: la Tebas del Norte y sus tesoros olvidados
Tanis, la actual San el-Hagar, es uno de los sitios arqueológicos más importantes y al mismo tiempo menos conocidos del antiguo Egipto. Situada en el corazón del delta del Nilo, en la provincia de Sharqia, esta antigua ciudad fue la capital de Egipto durante la XXI y XXII dinastía (1069-715 a. C.) y custodiaba tesoros de una riqueza comparable, si no superior, a los de la célebre tumba de Tutankamón. Sin embargo, el descubrimiento de las tumbas reales de Tanis en 1939 pasó casi inadvertido, eclipsado por el estallido de la Segunda Guerra Mundial.
Tanis representa una paradoja fascinante de la egiptología: un sitio de importancia capital para la comprensión de la historia egipcia, riquísimo en hallazgos extraordinarios, y sin embargo conocido por el gran público solo como el lugar donde Indiana Jones buscaba el Arca de la Alianza en la película «En busca del arca perdida». La realidad histórica es igual de cautivadora que cualquier ficción cinematográfica.
Historia de Tanis
Los orígenes y el ascenso
Tanis emergió como centro urbano importante hacia el final del Imperio Nuevo, cuando el brazo pelusíaco del Nilo, sobre el que se erguía la antigua capital Pi-Ramsés (la ciudad de Ramsés II), comenzó a cegarse. Los faraones de la XXI dinastía, a partir de Esmendes I (1069-1043 a. C.), trasladaron la capital a Tanis, llevando consigo enormes cantidades de material arquitectónico de Pi-Ramsés: obeliscos, estatuas colosales, bloques esculpidos y columnas de granito.
Este masivo traslado de monumentos ha creado confusión entre los arqueólogos durante décadas, pues muchos de los bloques y estatuas hallados en Tanis llevaban el nombre de Ramsés II, induciendo a creer inicialmente que Tanis era la misma Pi-Ramsés. Solo las investigaciones más recientes han demostrado que se trata de dos ciudades distintas y que los materiales ramésidas fueron transportados y reutilizados por los soberanos de la XXI dinastía.
La capital del Tercer Período Intermedio
Como capital de Egipto durante el Tercer Período Intermedio, Tanis asumió un rol político, religioso y comercial de primaria importancia. La ciudad albergaba un gran templo dedicado a Amón, construido con materiales reciclados de Pi-Ramsés y decorado con nuevas inscripciones por los faraones de Tanis. El recinto sagrado de Amón, rodeado de un imponente muro perimetral de adobe, era el corazón religioso de la ciudad y el equivalente septentrional del gran complejo templario de Karnak en Tebas.
Los faraones de la XXI dinastía, aun gobernando un país dividido, mantuvieron una corte espléndida y un ceremonial elaborado. Sus tesoros funerarios, descubiertos casi intactos, testimonian una riqueza y un refinamiento artístico que no tenían nada que envidiar a los grandes faraones de las épocas precedentes.
La XXII dinastía y el declive
Con el advenimiento de la XXII dinastía, fundada por el faraón libio Sheshonq I (el Sisac bíblico), Tanis mantuvo su estatus de capital y centro religioso. Sheshonq I es conocido por su campaña militar en Palestina, narrada tanto en las fuentes egipcias como en la Biblia. Sin embargo, en los siglos siguientes, con el progresivo debilitamiento del poder central y el desplazamiento de los centros de poder, Tanis perdió gradualmente su importancia, reduciéndose a un asentamiento marginal en el panorama del Bajo Egipto.
El descubrimiento de las tumbas reales
Pierre Montet y las excavaciones de 1939
El descubrimiento más sensacional de Tanis sucedió en febrero de 1939, cuando el arqueólogo francés Pierre Montet sacó a la luz un complejo de tumbas reales en el interior del recinto del templo de Amón. A diferencia de las tumbas del Valle de los Reyes en Tebas, excavadas en la roca, las tumbas de Tanis estaban construidas en piedra caliza y granito en el interior del perímetro sagrado del templo, una solución única dictada por la geología plana del Delta, que no ofrecía paredes rocosas para los enterramientos.
La primera tumba descubierta fue la de Osorkon II de la XXII dinastía, seguida de las de Psusenes I, Amenemopet, Sheshonq II y otros soberanos. La emoción por estos descubrimientos fue inmensa, pero el mundo estaba distraído por preocupaciones mucho más graves: la Segunda Guerra Mundial estaba a las puertas, y el estallido del conflicto en septiembre de 1939 relegó los descubrimientos de Montet a las páginas internas de los periódicos.
El tesoro de Psusenes I
La tumba de Psusenes I (1047-1001 a. C.) contenía uno de los ajuares funerarios más ricos jamás encontrados en Egipto. El faraón yacía en un sarcófago de plata maciza, único en su género, con el rostro cubierto por una máscara funeraria de oro de soberbia factura. El ajuar comprendía joyas de oro y lapislázuli, vasos canopos de alabastro, amuletos, pectorales y un elaborado collar usekh de oro.
La máscara de Psusenes I, hoy conservada en el Museo Egipcio de El Cairo, es a menudo comparada con la máscara de Tutankamón por su belleza y su valor artístico. Realizada en oro macizo con incrustaciones de lapislázuli y vidrio, la máscara retrata al faraón con una expresión serena y regia que trasciende los milenios. A diferencia de la máscara de Tutankamón, la de Psusenes es relativamente poco conocida, una injusticia histórica que los egiptólogos están tratando de corregir.
La tumba de Sheshonq II
Otro descubrimiento extraordinario fue el sarcófago de plata de Sheshonq II, decorado con escenas del faraón acogido por los dioses en el más allá. La tumba contenía también un magnífico pectoral de oro en forma de escarabajo alado y brazaletes de oro de gran refinamiento. Estos hallazgos demuestran que, a pesar de las turbulencias políticas del Tercer Período Intermedio, el arte de la orfebrería egipcia había alcanzado cimas de excelencia insuperadas.
El sitio arqueológico hoy
Qué ver
El sitio arqueológico de Tanis se extiende sobre un área de cerca de 177 hectáreas, dominada por un tell (colina artificial) que representa la acumulación de milenios de ocupación humana. Las ruinas principales incluyen los restos del gran templo de Amón, con sus obeliscos derribados y sus columnas fragmentadas, el recinto sagrado del templo de Mut y las áreas de las necrópolis reales.
Entre los hallazgos aún in situ se pueden observar enormes bloques de granito rosa con jeroglíficos finamente esculpidos, estatuas fragmentadas de reyes y divinidades, y las bases de obeliscos que en otro tiempo se elevaban contra el cielo del Delta. La atmósfera del sitio es muy diferente de la de los grandes templos del Alto Egipto: aquí la vegetación del Delta crece entre las ruinas y el paisaje agrícola circundante recuerda que uno se encuentra en el corazón de la tierra más fértil de Egipto.
Las excavaciones en curso
Las misiones arqueológicas francesas continúan trabajando en Tanis, sacando a la luz nuevas estructuras y hallazgos. La tecnología moderna, incluidas las prospecciones geofísicas y las imágenes satelitales, ha revelado que gran parte de la ciudad antigua yace aún bajo la superficie, prometiendo descubrimientos futuros de gran relevancia.
Consejos prácticos para la visita
Cómo llegar
Tanis se encuentra a cerca de 130 kilómetros al noreste de El Cairo, en la provincia de Sharqia. La mejor manera de alcanzarla es en coche, siguiendo la carretera hacia Zagazig y luego hacia San el-Hagar. No existen medios públicos directos para el sitio. Se aconseja alquilar un coche con conductor o participar en un tour organizado desde El Cairo.
La visita
El sitio es vasto pero llano, fácilmente recorrible a pie. Una visita en profundidad requiere cerca de dos o tres horas. Se aconseja contratar un guía local, pues las ruinas, sin explicaciones, pueden resultar poco comprensibles. No hay estructuras de restauración en el sitio, por lo que es importante llevar agua y comida.
Combinar con otros sitios
La visita a Tanis puede combinarse con una etapa en Bubastis (Tell Basta), situada cerca de Zagazig, para un día dedicado a la arqueología del Delta. Los tesoros encontrados en Tanis están expuestos en el Museo Egipcio de El Cairo y serán trasladados al Gran Museo Egipcio de Guiza.
Tanis es un lugar que merece ser redescubierto y valorizado, un testimonio de la grandeza egipcia que aún espera revelar sus secretos más profundos. Para el viajero curioso y apasionado de la historia, una visita a Tanis es un viaje al corazón menos conocido pero no menos fascinante del antiguo Egipto.